La solución del Capítulo I es: (seleccionar texto oculto para ver)
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Capítulo II

Pulmones ardiendo, respiración entrecortada, jóvenes nudillos dando tres golpes a la puerta de la cubierta C. Un raro chirrido suena ahogado tras la puerta, se va incrementando conforme unos pasos se acercan y la abren. El grumete se encuentra cara a cara con un hombre perfectamente afeitado, de pelo engominado y rubicundo rostro. La boca permanece fija en un rictus de sonrisa abiertamente forzada. 

-¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! 

Las palabras de saludo se quedan atascadas en la garganta del grumete, las siente justo por encima de la nuez sin llegar a alcanzar su pastosa lengua. 

-¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiii! 

-¿Contramaestre…? ¿Señor…? 

-¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Pasa muchacho. 

El grumete entra con celeridad en el camarote. Sábanas de vivos colores se pelean en las paredes junto con cuadros de diversos estilos. Todo parece pulcro y en su sitio a pesar de estar abarrotado con los más diversos enseres. El contramaestre se sienta dejando a un quieto grumete junto a una mesa baja que contiene al menos tres tipos de relojes distintos, todos en hora y marchando a la vez. La atención del joven cae progresivamente hacia las hipnóticas manecillas. 

-¿Y bien? ¿A qué debo esta visita? Estoy ocupado con mis ejercicios matinales. 

-Contramaestre, me han enviado para preguntarle por la contraseña del candado del camarote donde está encerrado… 

-Sé quién está encerrado, ¡me hizo esto! 

El contramaestre gira la cabeza de forma forzada hacia un lado mientras sus dedos buscan entre los cabellos deshaciendo parcialmente el cuidadoso peinado. Abren un pequeño claro que resulta de un color oscuro y pesado. 

-Sangré como un cerdo, pero ya me encuentro recuperado. 

Se levanta de la silla de un salto, mantiene la posición erguida durante un segundo y vuelve a dejarse caer en su asiento. Repite la operación cinco veces antes de darse por satisfecho y mirar plácidamente al grumete. 

-En plena forma, ¿estás tú en plena forma muchacho? -Creo que sí, contramaestre. 

-¡Me alegra oírlo!, ¡vaya por Dios que sí! ¡Si a tu edad no estás en forma más valdría que te tiraras por la borda ahora mismo! ¡Y ya verás cuando zarpemos! ¡Cuando empieces a trabajar de verdad ya verás lo que es estar en forma! ¡Hiiiiiiiiiiiiii!

-Sí contramaestre… supongo que estaré más en forma. 

-¿Y qué tal tu mente? 

-¿Mi mente? ¿Qué mente? 

-¡Hiiiiiiiiiiii! ¿Qué mente?, dice tan tranquilo… ¡Hiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Pues cuál va a ser sino la tuya muchacho! ¡Tu cerebro! 

-Bien, creo, gracias… 

-El trabajo físico va a templar tu cuerpo, por eso no tienes que preocuparte, pero nada te garantiza que tu azotea no se atrofie y pierdas facultades. Debes de ejercitar ese raro músculo que tienes dentro de la cabeza. 

-Ah… 

-¿Sabes cómo hacerlo? ¿Tienes alguna idea de cómo no convertirte en un idiota con el paso del tiempo y la rutina diaria? ¿No? Pues yo te lo diré. Hay gente que piensa que la única forma de ejercitar la mente es pensando, lo cual ayuda, por supuesto, pero hay una forma más fácil y rápida. ¿Adivinas cuál es? 

-No, contramaestre. 

-¡Hiiiiiiiiiiiii! ¡La risa! ¿No me oyes? ¡Hiiiiiiiiii! ¡Activa el cerebro! ¡Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Venga, hazlo tú, ríete. 

-Contramaestre, creo que el capitán está esperando para… 

-¡Hiiiiiiiiiiiiii! ¡No te oigo! ¡Hiiiiiiiiiiii! ¡Hiiiiiiiiiiiiiiii! 

El chirrido provocado por la garganta del contramaestre sube una octava. 

-¡Jiiiiii! ¡Jiiiiii! ¡Jiiiiii! 

-No está mal, tienes que seguir practicando. Hazlo todos los días durante al menos diez minutos y verás qué maravillosos resultados consigues. 

-Gracias, contramaestre, si pudiera decirme ahora la contraseña para el candado. 

-Claro, claro, espera que me acuerde… Sí, ya lo tengo. Verás, cuando todo pasó me encontraba precisamente con el candado en la mano, acababa de comprarlo para poder usarlo en ese baúl de ahí… 

Señala rápidamente un cofre de medio metro de diámetro, desgastado por las esquinas y medio abierto. 

-Como ves no cierra correctamente, lamentablemente perdí la llave que lo cerraba y tuve que usar métodos contundentes para volver a abrirlo… en fin, pude comprar en tierra un candado de combinación, así no puedo perder la llave- sonrisa de satisfacción, pulgar e índice pegados girando en el aire- y el mismo dependiente de la tienda me lo configuró con unos números que pudiera recordar fácilmente. 

-Genial contramaestre. 

-Está mal que lo reconozca, pero sí: genial. Por suerte para todos, como he dicho llevaba el candado en la mano cuando fui atacado traicioneramente en la cabeza. He de reconocer que el golpe fue tan brutal que perdí el equilibrio y sufrí un mareo considerable, tanto que cuando tomé conciencia de lo que pasaba descubrí sorprendido a unos compañeros contra la puerta, tratando de evitar que fuera abierta desde dentro. Con gran velocidad, he de decir, me abrí paso entre ellos para colocar el afortunado candado que poseía desde hacía minutos y bloquear así la puerta. 

Manos abiertas hacia el techo, cejas alzadas en expresión teatral. 

-Menos mal que lo hizo, contramaestre. 

-Salvé el día, como vulgarmente se dice. 

-¿Puede decirme ya la combinación? 

-Por supuesto, necesitarás dos sextantes, un nudo de lasca, un cuadrante y otro nudo de lasca. 

-¿Cómo dice? 

-Tendrás tiempo para pensarlo mientras vuelves, ¡no te pierdas! 

El grumete es prácticamente empujado hasta la puerta, que se cierra con un doble chirrido dejándolo solo con sus pensamientos y la sensación de haber recibido una respuesta a medias… 

¿Cuál es la combinación que necesita el grumete para abrir el candado?

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