La solución del Capítulo II es: (seleccionar texto oculto para ver)
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Capítulo III

-Buf, sí que has tardado chico, ¿no habrás perdido el mapa?

-No señor, resulta que el contram…

-¿Tienes el código?

-Eso creo, señor.

-¿Pues a qué esperas? ¿Una invitación formal?

Los dos marineros le dejan el paso libre al grumete, que se arrodilla cuidadosamente mientras estudia con detenimiento el candado. Mientras el joven gira las ruedas el marinero guardián estudia, a través del cristal, al prisionero. Ahora está de pie, de espaldas a la puerta, balanceándose ligeramente al ritmo del barco. Un chasquido seco y el roce del metal indica que el candado está siendo retirado. Es el momento.

Puerta abierta, porras en ristre, mandíbulas decididas, dos pasos, otro más. Calma que precede a la tormenta. El prisionero gira sobre sí mismo lanzándose contra los tres hombres a una velocidad inesperada. Frena delante del grumete, las caras enfrentadas a escasos centímetros. Hay una tonalidad verdosa en los ojos del prisionero que recuerda a algo poco natural, vapor venenoso dentro de esferas muertas. Ninguno de los cuatro articula palabra ni parece tener ninguna intención de hacerlo. El grumete se encoje por momentos. Se da cuenta de que tiembla al tomar conciencia de su joven cuerpo inclinándose inconscientemente hacia atrás.

-Vamos.

La voz del prisionero es suave, ha conseguido acompasar las sílabas al martilleo del corazón del grumete: va-pum, mos-pum. El joven lo siente resonar en su cuello y sienes, le alcanza los pies y el estómago. Va-pum, mos-pum, va-pum, mos-pum, va mos, va mos, vamos, vamos, vamos, vamos vamos vamos vamosvamosvamos (la respiración que le llega del prisionero es cálida y escasa) vamvamvamvamVAM VAMVAM (parece que es el único aire que puede tomar en sus paralizados pulmones) ¡VAMVAMVAMVAMVAMVAM (la vista se le nubla, solo hay una mancha verdeblancamarrón que se fusiona en) VAMVAMVAMVAM(insectos tratando de salirentrar en el oído volando hacia él) VAMVAVAVAMVAVAVAM (frío en las manos frío en el estómago frío en la espalda frío en)VAVAMVAMVAMVAVAMVAVAMVAMVAVAVAMVAM!
¡VAM!

Fundido en negro.

Piernas arrastradas, gritos de ayuda, brazos fuertemente agarrados, un breve destello de luz y sal.

Fundido en negro.

Piel contra frescor blanco, pies elevados, dolor palpitante, boca abierta. Grumete emergiendo de las profundidades de sí mismo. Mira hacia el pequeño sol que lo llena todo.

-Chaval, ¿vuelves con nosotros?

El olor a tabaco le golpea su poco acostumbrada nariz, lo fija como un ancla a la realidad.

-¿Quién…? ¿qué…?

-Tú. Desvanencimiento, desmayo, síncope o como prefieras llamarlo. Por lo visto eres un joven bastante impresionable y se ha aprovechado de ello. Seguro que el malnacido se está riendo lo suyo por dentro. Al menos no ha opuesto resistencia, parece que el dejarte ko lo ha satisfecho por el momento.

El grumete trata de incorporarse de la cama. Una mano firme lo devuelve a su sitio. El médico le toma los pies y los deja sobre una pila de mantas. Mantiene el cigarro en la comisura de los labios mientras le reprende.

-No deberías correr tanto después del trabajo que nos has dado para traerte hasta aquí. Pesas más de lo que parece, mañana me va a doler la espalda seguro.

-¿Me he desmayado?

-Que no te de vergüenza, pasa hasta en las mejores familias. No deberían haberte mandado a ti como custodio del prisionero, no se a qué genio se le ha ocurrido. En fin, por lo que a ti respecta ya has cumplido. Veo que te vuelve el color, descansa aquí un rato y luego tómate el resto del día libre, órdenes del médico.

Lanza una vaharada de humo hacia el techo, revisa sus bolsillos antes de encaminarse hacia la puerta.

-¿Qué ha pasado con el prisionero? ¿Está con el capitán? ¿Le están interrogando?

-Están todos en cubierta, y allí me dirijo yo también. Me necesitarán allí, sobre todo si las cosas se ponen feas.

-Yo también quiero ir.

-No es buena idea, debes descansar.

-Doctor, necesito ir a verlo yo también.

El grumete hace ademán de levantarse de nuevo, el médico alza las manos en señal de calma.

-Muy bien muchacho, espera entonces que te ponga unas vitaminas para que aguantes en pie.

-Bien, gracias doctor.

-No hay de qué.

El médico abre un armarito del que saca una jeringuilla y un pequeño frasco. Cuidadosamente introduce la aguja y tira del émbolo hasta obtener la cantidad deseada. Un pequeño arco líquido llega hasta las blancas sábanas cuando el médico se asegura de que no hay posibilidad de inyectar aire.

-A ver ese brazo.

Un brazo ligeramente tostado por el sol se estira, unas manos expertas hacen un torniquete a la altura del bíceps, buscan la vena y en un mismo movimiento pican e inyectan.

-Ya está, aprieta esta gasa contra la herida. Túmbate hasta que haga efecto.

-¿Cuanto tardará en hacer efecto?

-No es una ciencia exacta, depende de cada individuo: entre un par y cinco minutos tardarás en quedarte dormido.

-¿Dormido? ¿Cómo que dormido?

-No estás en condiciones de subir al circo que se va a montar allí arriba, ni quiero tener que volver a arrastrarte aquí, y mi espalda menos. Te he dado un somnífero suave, no te preocupes, lo peor que puede pasarte es que duermas hasta mañana. Pase lo que pase en cubierta va a suceder tanto si lo ves como si no. Ya te enterarás de todo a su debido tiempo. Llego tarde, mejor ni intentes ponerte en pie o acabarás durmiendo en el suelo.

El médico apaga el cigarrillo en un cenicero rebosante de colillas, toma descuidadamente una chaqueta del respaldo de la silla y se pierde tranquilamente en las entrañas del barco.

Ahora le llega todo el miedo acumulado. El joven siente que debe demostrar algo, a él mismo, al prisionero, a la tripulación. A quien sea. No puede quedarse dormido mientras el que seguramente sea el acontecimiento más importante, o más remarcable, de su corta vida sucede.

Se levanta buscando apoyo con las manos hacia cualquier posible asidero. Fija su atención en el armarito del que el médico ha sacado el frasco con el cual le ha inyectado. Mientras renquea acierta a atrapar el bote en el que pone “ANESTÉSICO IPG”. Consigue a base de fuerza de voluntad abrir el pequeño armarito, que le recibe con un desfile de frascos separados en dos categorías “ANESTÉSICOS” y “ANTIANESTÉSICOS”. Los ojos se le cierran por momentos, trata de enfocar a la indicación escrita en la parte interior de la puerta: “El fármaco que contrarresta a su contrario se identifica por las letras opuestas a las de su etiqueta, así el ANESTÉSICO CZ se contrarresta con el ANTIANESTÉSICO XA”.

El grumete toma con dedos temblorosos los frascos de antianestésico, con más apremio que miedo saca una jeringuilla de un cajón de la mesa del médico, donde coloca todos los antianestésicos en fila, ¿cuál debería tomarse?

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